Día Mundial del Teatro de Títeres

ELOGIO AL TEATRO DE TÍTERES

Mensaje con motivo del Día Mundial del Teatro de Títeres

21 de marzo 2019

REYNALDO DISLA

Reynaldo DISLA, República Dominicana

El títere sintetiza el alma humana (tan compleja): la reduce a rasgos esenciales: una simplificación matemática         encaminada a obtener la fórmula infalible de comunicación con los infantes. Por ejemplo: el invasor guerrista será mentiroso, pero sobretodo invasor guerrerista… Este extracto de la psiquis, fascina a los espectadores y es ley básica de este poético oficio que hoy celebramos.

El mundo está convirtiéndose en un teatrito de marionetas donde las divergencias entre el bien y el mal son muy transparentes. El malo ya no se ocupa de disfrazar su perversidad y ataca, desvergonzado, a la franca; un panorama bien conocido por los titiriteros que obedecemos otra ley importante: la del contraste, la discordia y los conflictos maniqueistas, que son imprescindibles.  Los niños apoyan al héroe, al bueno, entran espontáneamente al juego excitante del choque de caracteres, ingresando al argumento, con la posibilidad de transformarlo. La realidad la jugamos, coloreada, mágica y simple.

El espectador vino a jugar como personaje.  El títere despierta en los niños y niñas una euforia parecida a la que desatan las grandes estrellas del rock. Nadie se resiste a la alegoría humana encarnada en un muñeco. Todo se transforma, hasta la guerra (la violencia) se convierte en un juego cómico. El teatro de títeres es un instrumento de paz y sanación espiritual. El espectador desahoga sus miedos, sus cargas graves, a través de la participación lúdica.

Actores, al calzarnos el títere, somos responsables morales de la figurilla a la que damos vida; permítanle la sinceridad, que nos extraiga la verdad desnuda, y que la esparza dentro de las cabecitas del público.

El títere incita a que observemos la vida con otros ojos: los de la imaginación, la sátira, la síntesis y el contraste. El títere: milenario, religioso, ecuménico, misterioso, resistente y liberal, expresión del hombre a través de la metáfora de él mismo: el muñeco de expresiones, movimientos y diálogos atrevidos. Sobrevive en el territorio ilimitado de la utopía y la creatividad, con la complicidad de los espectadores.

Viví muchos años ligado al mundo titiritero. Mi maestro capital fue Eduardo di Mauro. A varios muñecos los recuerdo como parte de mi familia, presentes en fotos viejas: Tres Dientes, Hilario, Bocito, Mariquita, Juancito, Tita, Tina, Elito… Todavía ejerzo la titiriturgia: con historias, personajes, paisajes, conflictos y temas dominicanos.

Gracias, a los colegas que me eligieran para pronunciar este elogio al teatro de muñecos, hoy, Día Mundial del Teatro de Títeres. Día de los que insuflamos energía, voz y movimiento a objetos, cual dioses creadores de vidas fantásticas en los escenarios.

¡Celebremos el teatro de títeres (una joya) que niñas y niños del mundo tienen derecho a disfrutar!  ¡Gracias!

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